Las campañas electorales en el Perú no solo ponen a prueba las propuestas de los candidatos, sino también la brújula moral de quienes informan. En medio de la polarización, la crispación y el ruido político, surge una pregunta inevitable: ¿hasta qué punto es obligatorio ser neutral? La respuesta no es única; se divide entre el terreno de la ley y el dominio de la ética, trazando una frontera clara entre el sector público y el privado.
La cruda realidad local: El sesgo como instrumento de desinformación
En muchas provincias y distritos del Perú, como ocurre en Huancabamba, Piura, la línea entre el periodismo y el proselitismo se desdibuja peligrosamente. Es alarmante observar cómo comunicadores y locutores radiales, que deberían ser facilitadores del debate democrático, se transforman en voceros activos de sus candidatos preferidos. Al utilizar los micrófonos para denostar a los opositores y blindar o ensalzar a su favorito, no solo traicionan la ética periodística, sino que distorsionan la realidad que el ciudadano necesita conocer. Cuando el locutor se convierte en activista, la audiencia pierde el derecho a informarse con pluralidad. La consecuencia es devastadora: una ciudadanía confundida que, ante la desinformación, termina eligiendo autoridades basadas en el ataque y la propaganda en lugar de evaluar planes de gobierno. Muchos de los problemas de abandono, pobreza y gestiones municipales deficientes que aquejan a nuestras comunidades tienen su origen en este «periodismo de parte», donde la voz que debería servir al pueblo termina siendo cómplice de intereses particulares.
MEDIOS PRIVADOS Y PERIODISTAS: El imperativo ético para los medios de comunicación y los periodistas independientes, la neutralidad no es un mandato legal. La libertad de expresión y de empresa protege el derecho a tener una línea editorial o posturas ideológicas definidas. Sin embargo, en el periodismo, lo legal no siempre agota lo correcto.
La veracidad como brújula: Tener una postura no autoriza a desinformar. La ética profesional exige equidad, rigor y contraste de fuentes. El periodista / comunicador no es, ni debe convertirse en, el vocero o relacionista público de ningún candidato.
El valor de la credibilidad: El activo más valioso de un medio o un comunicador es la confianza del público. Cuando el favoritismo político se disfraza de noticia, la objetividad muere y la audiencia queda a la deriva.
El derecho ciudadano: Los electores no necesitan que los medios les digan por quién votar; necesitan datos plurales, análisis profundos y contraste de ideas para tomar una decisión libre e informada. La línea editorial es legítima, pero debe distinguirse tajantemente de la información objetiva.
EL SECTOR PÚBLICO: Cuando la neutralidad es un deber legal
La realidad cambia radicalmente al cruzar las puertas del Estado. Para los comunicadores, funcionarios y servidores que laboran en instituciones públicas, la neutralidad deja de ser un consejo de redacción para convertirse en una obligación legal estricta.
Prohibición de proselitismo: Quienes perciben un sueldo del Estado no pueden utilizar sus cargos, sus horarios de trabajo, los recursos logísticos ni sus redes sociales (incluso las personales si se usan para fines de función pública) para hacer campaña o favorecer directa o indirectamente a ninguna agrupación política.
Sanciones severas: Transgredir este principio no acarrea una simple reprimenda moral; las consecuencias van desde amonestaciones y suspensiones hasta la destitución del cargo y la inhabilitación para ejercer en la administración pública. El dinero de todos los peruanos no puede ni debe financiar, ni siquiera de forma simbólica, la maquinaria de ningún candidato.
A modo de conclusión
En tiempos de urnas, la sociedad peruana necesita más que nunca un periodismo que respete el derecho del ciudadano a decidir con autonomía. Ya sea en una capital o en una provincia alejada, el comunicador debe entender que su micrófono es una herramienta de servicio, no un arma de ataque. Solo garantizando espacios donde todas las voces tengan cabida, podremos dejar atrás las gestiones desastrosas y apostar por un futuro basado en propuestas reales y no en el sesgo de quienes, por un interés mezquino, terminan traicionando la confianza de su propio pueblo.
Columna: EL HUARINGEÑO | Huarinjas Tv